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miércoles, 4 de mayo de 2011

¿Cómo he llegado a esta situación?

Esta mañana me he levantado temprano. Bueno, en realidad no he podido dormir en toda la noche. Después de estar horas revolcándome en la cama, me he tenido que levantar asqueado. Me he puesto un rato con el ordenador y he terminado hace un rato de leer en un blog de esos que hay a la izquierda que una tal Aurelia tiene acceso a unas fotos en las que sale un tío desnudo. Estoy empezando a acojonarme de verdad con todo lo que está pasando. Supongo que si fueran esas fotos, las que me sacó la puta en el Monterrey, Leli me habría llamado cagando leches para pedirme explicaciones, porque según el capullo del blog, las tiene desde hace días. ¿Cuántas Aurelias puede haber trabajando en una agencia de publicidad? No puede haber tantas con un hermano imbécil. No me explico cómo he llegado a esta situación.

Estoy oyendo cacharrear a Tono en la cocina. Creo que tiene clase a las 10. Ya ha vuelto de las vacaciones, pero no le he querido contar lo del tipo de ayer, ni lo de la puta de las fotos ni nada de lo demás. Lo único que me faltaba es que me tomara por loco. Tampoco se lo he contado a Ángela, aunque sé que será la primera persona a la que se lo cuente, en el momento que sepa qué es lo que tengo que contar.

Voy a ponerme las deportivas y me voy a correr un rato, a ver si me despejo. El sol ya está alto, parece que va a hacer un buen día.

miércoles, 13 de abril de 2011

Col legno

No tiene que ver con Tzigane y tal vez no debería contarlo aquí, pero lo voy a contar por tres motivos. Uno, los que ya me conocéis sabéis que estas cosas las tengo que contar para no reventar. Dos, no creo que esto lo lea nadie. No es más que el blog de un violinista. Y tres, ha sido un revulsivo para atacar la partitura como se merece.

El caso es que una inglesita monísima estuvo toda la noche en mi barra, tirándome los trastos. Hasta ahí, todo normal. Yo a lo mío, a lo de siempre, al pan y a las tortas, a las copas y al turrón. Hacia las cuatro, cuando Ángela y yo hemos cerrado el Country, la inglesita me esperaba fuera y se ha venido conmigo a casa. Por suerte, Tono duerme como un tronco y su habitación está a la otra punta de la casa. Mi cuarto es más pequeño que el suyo, pero da igual, porque sólo nos ha dado tiempo de llegar al salón, que está nada más entrar al piso. Medio en inglés, medio en castellano, me ha preguntado, mientras se quitaba el jersey, si tocaba el violín. Yo he cerrado la puerta del salón y le he dicho que sí.

Al principio ha sido como siempre. Era rubita, con ojos azules, nariz alargada pero no tremenda, mira que hay inglesas feas… pero esta era monísima. Hemos follado en el sofá, después de apartar el portátil y el violín. Todo iba bien hasta que ella ha cogido el arco del suelo y ha empezado a pasárselo por el coño, por la parte de la madera. Imaginaos cómo me he podido quedar en ese momento. A cuadros. Ahí estaba ella, tocándose el violín en cinco por cuatro, como en el Marte de Holst. Tardé unos segundos en reaccionar, pero una vez repuesto del shock inicial, he empuñado el arco como si el mismísimo Vengerov lo manejara y he seguido a pies juntillas la partitura que tenía ante mis ojos. Para qué más detalles.

La inglesita lo ha pasado bomba. Claro, y yo también. Después del festival de Salzburgo me la he llevado a mi cuarto, porque Tono suele levantarse pronto para irse a Anaya. La inglesita y yo hemos dormido hasta tarde. Al despertar hemos follado otra vez, pero por desgracia el arco se había quedado en el salón. A mediodía se ha ido. No ha habido manera humana de que aceptase un sandwich de jamón york y lechuga. Seguramente nunca volverá al Country.

Cuando me he quedado sólo, desnudo todavía, me he puesto delante de la partitura y he vuelto a intentar hacerme con los primeros compases de la cadenza. Ahora sé que Ravel quiere que los violinistas follemos con el violín cuando toquemos Tzigane. Y me he sentido más hombre que nunca.

martes, 12 de abril de 2011

Comienzo flojo, en mi línea

El comienzo de mi proyecto no ha sido muy alentador. He estado toda la mañana en el sofá, leyendo un poco la partitura mientras escuchaba la versión de Vengerov, esa que está ahí al lado, a ver si se parecía en algo su interpretación con las indicaciones de Ravel. He intentado tocar algunas células de la cadenza inicial, las más sencillas. Evidentemente, me he debido dormir en algún momento.

Cuando me he despertado, me he sentido idiota. He hecho unos cuantos abdominales y me he preparado un par de bocatas de pan de molde con jamón york y lechuga. Y ahora viene lo desalentador: no he hecho nada más en toda la tarde que tenga que ver con Tzigane. He visto la tele hasta que ha venido Tono. Y cuando ha venido Tono, hemos estado un buen rato jugando con la play en su habitación. Me ha dicho que ha tenido hoy un examen de griego y necesitaba desconectar, así que yo no le he dicho nada de Tzigane ni de Ravel. Para qué. Justo a las 8, hace casi una hora, me ha llamado Agustín para que fuera al Country a trabajar esta noche. Tiene la puta manía de avisarme casi sin tiempo cuando tengo que ir a echarle un cable en la barra.

Resumiendo, que ha sido un comienzo flojo. Quitando ese par de horas de la mañana, en las que me he acercado un poquito a la Tzigane, el resto del día, para olvidar. A ver qué tal se me da esta noche el curro. No recojo ni el violín del sofá.